Patrimonio, Edificación Pública, Ordenamiento y Desarrollo Territorial
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Autor: Tomás Ramírez C.
Reconocer que nuestro verdadero patrimonio es el paisaje, que lo peor que podría pasar sería reconstruir con nostalgia, pseudohistóricamente, con estilos como si fueran antiguos (como ocurrió durante años en La Serena y otras ciudades), y que no podremos reconstruir nunca más en adobe, son algunas de las afirmaciones que Alejandro Aravena, uno de los más reconocidos Arquitectos chilenos a nivel internacional, ha hecho en una entrevista que hoy ha sido publicada en la revista Vivienda y Decoración del diario El Mercurio, y la cual vale la pena comentar.
Aravena observa que si la escala de la amenaza es geográfica, la respuesta tiene que ser geográfica, lo cual requiere de una intervención y planificación mayor a nivel urbano y de ciudades completas. En ese contexto indica que, dado el nivel del desastre evidenciado en la pérdida de miles de viviendas, sería el momento de modificar las políticas habitacionales para que la vivienda deje de ser mínima y avancemos hacia un estándar de clase media a través del crecimiento progresivo de viviendas organizadas y vinculadas entre sí. Así han sido los proyectos que el propio Aravena ha ejecutado a través de su oficina Elemental, de la cual también fue fundador y miembro del directorio el nuevo Subsecretario del Ministerio de Vivienda y Urbanismo, Andrés Iacobelli.
Identifica dos escenarios de reconstrucción post catástrofe, uno es el de la solución provisoria, que no puede ser tan básica dado el tiempo que tarde la solución definitiva, que es el segundo escenario. Ese tiempo de solución provisoria lo plantea en términos de dos inviernos, queriendo significar las condiciones específicas de habitabilidad y organización frente a un clima que en el Sur de Chile puede ser extremadamente adverso. Como la solución definitiva y de calidad no puede ser instantánea, entonces debe ser rápida pero mejorable, y las mejoras deben ser de fácil implementación.
Respecto a las afirmaciones que no podemos reconstruir nunca más en adobe y que hay que asumir la pérdida de una arquitectura precaria, que no estaba pensada para resistir demasiado; y que en comparación a los Incas acá la cultura era más bien leve, se deshacía sistemáticamente cada tantos años con catástrofes naturales, Aravena plantea la reconstrucción en madera lo cual será una oportunidad para desarrollar esa industria subiendo los estándares de calidad y avanzando hacia el desarrollo de un “Diseño Súrdico” en comparación al “Diseño Nórdico” como el que desarrolló Finlandia.
Sin duda gran parte de lo planteamientos de Alejandro Aravena tendrán una aplicación práctica inmediata en la realidad que se vive en las zonas de la catástrofe. Sin embargo, hay que ser cautos en la interpretación de sus palabras.
La reconstrucción del patrimonio mueble e inmueble imitando lo que originalmente fue es (salvo contadas excepciones) una práctica rechazada denominada falso histórico, por lo cual no debiera ser recurrente para la reconstrucción. Eso es un punto frente al cual debiera existir acuerdo.
Sin embargo decretar la muerte definitiva del adobe, puede derivar en un juicio contra la utilización de la tierra en la construcción, lo cual no corresponde, menos aún cuando la tierra es un elemento constructivo que comienza a ser revalorizado, y que utilizada con sistemas estructurales sismorresistentes puede coexistir perfectamente con la madera y otorgar excelentes condiciones de confort térmico y habitabilidad. Por lo tanto no se trata del material, sino de la técnica utilizada, y así como Chile puede transformarse en una potencia en el desarrollo del diseño y construcción en madera, también lo puede llegar a ser en el diseño y construcción antisísmica de tierra.
Las afirmaciones de esta entrevista, en ningún caso son argumentos en contra de la conservación de estructuras históricas de adobe, sean estos inmuebles o conjuntos de inmuebles, más aún cuando existen valores patrimoniales involucrados.
Cuando se trate de conservación, el adobe puede llegar a tener un valor patrimonial lo cual está expresado en las “Guías de planeamiento e ingienería para la estabilización sismoresistente de estructura históricas de adobe”, donde se indica que “Las estructuras, tanto los muros en sí mismos como las construcciones levantadas con ellos, son producto del hombre, poseen una integridad inherente a los mismos y merecen respeto. El adobe debe ser asociado con la cultura de los grupos étnicos autóctonos e hispánicos que habitaron y colonizaron inicialmente los territorios marginales del imperio español; y no como se le considera en la California contemporánea, como un material de construcción primitivo.”
Por último respecto a la afirmación que nuestro verdadero patrimonio es el paisaje, debemos entender el paisaje como la conjugación de patrimonio cultural, material, inmaterial, comunidad y naturaleza, y no sólo como esta última, dejando de lado nuestro presente y nuestra historia. El patrimonio prehispánico construido en Chile no puede compararse al incaico, son contextos naturales y culturales distintos, cada uno con su propia y gran riqueza.
Lo más destacable de esta entrevista, es que los motores creativos de Chile comienzan a orientarse en post de la reconstrucción, y eso implicará debates, participación y acción en planificación, técnicas de conservación y renovación, y por lo tanto desarrollo para el país, sin duda un punto de inflexión al cual debemos estar atentos para que ese desarrollo sea sostenible en el tiempo, puesto que ya hay en Chile antecedentes de reconstrucciones que han sido un acierto en el corto y mediano plazo, pero que en el largo plazo han devenido en un desastre aún mayor.
HitoUrbano es una instancia multidisciplinaria de difusión y discusión acerca del Patrimonio Natural, Cultural Material e Inmaterial, y el Ordenamiento y Desarrollo Territorial, un espacio que pretende ser un aporte para la construcción de nuestro entorno a través del diálogo y la observación crítica.
Miguel Teulada
Marzo 13th, 2010 at 16:53
“El adobe no tiene ninguna posibilidad de resistir la energía que le entra por medio de un sismo sin romperse”
Esta frase revela una falta de información sobre el adobe, y una mirada prejuiciosa sobre este material.
Seguramente porque ignora que investigaciones han dado como fruto técnicas de construcción con adobe muy resisitentes a los sismos.
Un ejemplo: Hace 50 años se construyeron casas en Tangue, al sur de Guanaqueros, con la técnica del adobe parado. Vaya a conocer estas casas y después opina. porque después de haber resisitido varios terremotos están indemnes.
Un material no es bueno ni malo en sí.
Sí hay edificios bien o mal construidos.
Lo prueba el moderno edificio en concreto que se desplomó en Concepción, y las decenas de inmuebles de este mismo material que deberán ser demolidos, todos de reciente construcción.
En cambio, hay todavía en Chile cientos, miles de edificios en adobe, algunos de más de 200 años que siguen en pie, sin mayores problemas estructurales, y que han soportado decenas de terremotos.
Lo que no se puede decir de las construcciones en concreto armado: el fierro se va oxidando con el tiempo y por lo tanto deja de haber un íntimo contacto con la mezcla de cemento. Esto hace que un edificio de concreto tiene un tiempo de vida útil no superior a los 80 años, después de pasada esta edad conviene demolerlos.
El adobe tiene un gran enemigo que son las filtraciones, desafortunadamente en Chile no hay normas de mantención para este material noble y barato.
También dice Aravena:
“Hay que asumir la pérdida de una arquitectura precaria”
¿Precaria una arquitectura compuesta por edificaciones que ha sobrevivido 100, 200 o más años, sin mayor mantención, salvo la reparación de los daños que han sufrido en los sucesivos terremotos?
Pero además en la frase citada un gazapo conceptual de proporciones: el que si un patrimonio arquitectónico es frágil, entonces no vale la pena reconstruirlo.
Con este mismo criterio no vale la pena entonces preservar el poblado de Tulor, y vayámonos olvidando de Valparaíso como Patrimonio de la Humanidad, porque prácticamente todas las edificaciones del casco antiguo de Valparaíso muestran en cada terremoto su fragilidad estructural, porque no está construido bajo normas antisísmicas.