Un estudio reciente entre operadores turísticos brasileños indicó que Chile es un buen destino turístico, pero carece de bohemia. Sin duda es difícil alcanzar la impronta carnavalesca  y desinhibida que disfrutan nuestros amigos brasileños, favorecida por un clima multicultural abierto al turismo desde siempre. Sin embargo, vale la pena reflexionar acerca de aquello que los visitantes no encuentran en estas tierras.

La Serena es reconocida como una ciudad de turismo de sol y playa, y por lo tanto la temporada de verano recibe su principal flujo anual de turistas. Es en ese momento que la población aumenta exponencialmente, favoreciendo el comercio y un sin fin de actividades, entre ellas las actividades nocturnas. Pocas de esas actividades son en realidad bohemias, si bien son actividades “desordenadas” no son artísticas, ni culturales, ni errantes.  Quizás no sea la vocación de la ciudad, como si lo es del puerto de Valparaíso y en menor grado de Coquimbo. Lo cierto es que desaparecida la población flotante no son muchas las instancias atractivas para nuevos segmentos de turistas durante otras temporadas del año, o bien instancias para invitar a permanecer más tiempo a los visitantes, que sólo pasan por La Serena como escala para otros destinos (Valle del Elqui, Punta Choros, Norte Grande, etc.).

Pareciera que La Serena, con su infraestructura, su reconocido patrimonio tangible y su calidad de vida, ofrecen el soporte adecuado para que las cosas ocurran, para que la bohemia acontezca (incluyendo por supuesto la afamada seguridad ciudadana). Pero, en general, ello no acontece. Fuera del eje gastronómico y de ocio que representa la Avenida del Mar, y un incipiente barrio de bares dentro del Centro Histórico,  no existen muchos lugares donde el ocio, el arte y la actividad cultural den vida a un espacio de intercambio efectivo y diversión amena. Cuando llegan amigos de visita los llevo al Bar el Peregrino, al Oriente, al Teatro Centenario… algo ocurre ahí, de día a comer en restaurantes con patio interior típico de las casas coloniales,  algún café y ya está. Más bien pareciera que la ciudad, a pesar de su historia, no logra convencer del todo, ya sea por sus carencias,  o por que simplemente no le interesa, está satisfecha y prefiere valorar su tranquilidad y acostarse temprano.

La Serena Histórica no sólo tiene un “background” de edificios patrimoniales, sino también de grandes poetas, escritores e intelectuales, de carpinteros y piratas, y de congregaciones de las cuales hoy quedan las iglesias que la distinguen como la Ciudad de Los Campanarios, pero ni siquiera tiene grandes fiestas religiosas para tal cantidad de iglesias. La Serena Histórica tiene tras de sí el Plan Serena como uno de los planes urbanos más destacados a nivel nacional, pero hoy, como en tantas otras ciudades, los autos tienen la preferencia.

La Serena Histórica merece ser recorrida, ojala a pie o en bicicleta, que los autos se queden en la periferia; y qué tiene de malo caminar unas cuadras para los que ahí trabajan. Es posible tener aunque sea una peatonal?, pero una de verdad, donde las mesas de los cafés, los restaurantes y la gente en general toma real posesión del espacio público. Seguro hay un grado de complejidad en la ejecución de este tipo de ideas (pero no digan que es el clima, porque hay lugares aún más fríos y húmedos donde esto si ocurre). Es posible evitar el despoblamiento, y que el Centro Histórico se convierta sólo en un lugar de servicios de día y en un cementerio de noche?. Es posible compatibilizar y definir zonas habitacionales, de servicios y zonas de esparcimiento?. Es posible evitar la especulación inmobiliaria de los terrenos usados como estacionamientos y en su lugar tener más y mejores espacios públicos que favorezcan la vida urbana?. Es posible vincular las actividades artísticas y culturales que se desarrollan en forma aislada, con las actividades gastronómicas y de ocio?, es posible definir las zonas que realmente es necesario conservar y aquellas que pueden ser renovadas?…

Son muchas preguntas, pero todas ellas apuntan a optimizar y compatibilizar el capital de desarrollo cultural y económico que posee la ciudad de La Serena; como apunta Georges Bonan, tenemos que construir la sustentabilidad del Centro Histórico, y ello no va a acontecer sin la participación de todos los actores involucrados, y de todas las posibles actividades que le darían esa sostenibilidad, incluyendo la bohemia, como un destino reconocido y quizás la próxima temporada baja se alta y aprendamos algo de “jogo bonito” y otras alegrías.

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