Patrimonio, Edificación Pública, Ordenamiento y Desarrollo Territorial
Imprímelo!
Autor: Francisco Guerra Jeraldo
La historia constructiva de la Iglesia Santa Inés da cuenta de al menos tres reconstrucciones completas, debido a incendios, terremotos y saqueos. A esto se suma una serie de intervenciones que a lo largo del tiempo han modificado su morfología y los elementos que la constituyen. Sin embargo, y no obstante estas drásticas transformaciones, la imagen actual de la iglesia Santa Inés es la que permanece en el registro gráfico y sobre todo en la memoria colectiva de los habitantes de la ciudad de La Serena. Son estas proporciones y la huella de las diferentes intervenciones las que se han intentado conservar, bajo un sistema constructivo mixto basado en tecnologías tradicionales y contemporáneas que aseguran la consolidación estructural del inmueble, cumpliendo con los estándares de seguridad exigidos por la norma chilena para su uso público.
El diseño actual de la Iglesia Santa Inés, fue elaborado por el Arquitecto Manuel de La Fuente Águila (Q.E.P.D). El proyecto buscó conservar las proporciones y los distintos elementos de valor patrimonial que la iglesia poseía, en base a la reconstrucción, restauración, integración y reintegración de elementos, preocupándose de la reversibilidad de aquellas intervenciones que pudieran encontrar soluciones futuras más adecuadas. El proyecto de restauración fue aprobado por el Consejo de Monumentos Nacionales el año 2005.
A continuación se describe parte del proceso de reconstrucción y restauración que la iglesia Santa Inés tuvo durante los años 2009 y 2010.
La Iglesia Santa Inés, se ubica en el límite Norte del centro histórico de la ciudad de La Serena, a escasos metros de la barranca del río Elqui, un sector postergado que hoy comienza su recuperación a partir de obras como la propia Restauración de la Iglesia Santa Inés y la construcción de otros edificios.
La iglesia se sitúa a sólo tres cuadras de la Plaza de armas de la ciudad de La Serena, constituyendo un eje visual de Sur a Norte y remate de la calle Manuel Antonio Matta, la que antiguamente se llamaba calle Santa Inés. La puerta de acceso principal a la iglesia coincide con la vereda poniente de la calle Matta, lo cual junto a su torre sobre el centro del frontón, crean una tensión visual en el sentido de la Iglesia, invitando a los transeúntes a ir en esa dirección.
El atrio frontal de la Iglesia genera un espacio público que abre la esquina de una de las últimas manzanas del límite Norte de la Zona Típica de La Serena. Este espacio público favorecerá la generación de actividades culturales que refuercen la vida urbana del sector.
A este contexto urbano, se suma el hecho que en el Centro Histórico y Zona Típica dentro de la cual se encuentra la Iglesia Santa Inés, es posible encontrar un gran número de iglesias que distinguen a La Serena como la Ciudad de Los Campanarios; de hecho es posible establecer un circuito urbano para recorrer todas esas iglesias, de las cuales 6 están declaradas Monumentos Nacionales. Una de esas Iglesias es la Iglesia Santa Inés, la cual fue declarada Monumento Nacional en la categoría de Monumento Histórico el 29 de noviembre del año 1977.
Todas la Iglesias de la Ciudad de los Campanario, forman parte de un conjunto sistémico mayor, constituyendo una Ruta Patrimonial de las Iglesias y Fiestas Religiosas en la Región de Coquimbo. De esta forma, la Iglesia Santa Inés se inserta en un contexto urbano y territorial que favorece el emprendimiento y acercamiento a las diversas manifestaciones materiales e inmateriales de la religiosidad popular.
Emplazada en la esquina de las calles Matta y Almagro, N° 282, la Iglesia Santa Inés libera parte de su terreno para dar cabida a un atrio construido en base a un antiguo pavimento de piedra huevillo enterrado en la superficie de tierra existente, parte del cual fue rescatado.
Se trata de una trama de módulos cuadrados de 0.80m x 0.80m con diagonales cuyas piedras son de mayor diámetro (8cm máximo) que aquellas utilizadas en el llenado interior (4 a 5cm máximo). Las piedras fueron pegadas con argamasa de barro. Asimismo, los tramos faltantes se integraron de la misma forma acudiendo a una mezcla de lechada de barro y cemento para su mejor adherencia. El mismo tratamiento fue elaborado en los dos patios interiores del Monumento, distinguiéndose los huevillos nuevos de los antiguos, porque los primeros tienen una disposición regular y sobre un piso nivelado, mientras los antiguos se ejecutaron más bien de forma irregular y sobre un piso con cierto desnivele.
El Huevillo preexistente está presente también en el costado oriente de la iglesia y es un recurso constructivo usado habitualmente en los patios interiores de las antiguas casas e iglesias de la Región de Coquimbo.
Exteriormente y por todo el frente de la fachada oriente del Inmueble que da hacia calle Matta, se observa aún lo que fue el antejardín de la Iglesia, en base a jardineras con solerillas de 3x3m construidas en base a piedra Juan Soldado, en las cuales se plantaron hibiscos y otras plantas con el fin de separar al Monumento de la vía pública, las cuales sin embargo, en el tiempo fueron deteriorándose y terminando en una calle con un pavimento de piedra huevillo y hormigón para la circulación indistinta de peatones y vehículos.
El cuerpo o volumen de la Iglesia Santa Inés vuelve a tener las mismas dimensiones en cuanto a su ancho y alto, reconstruyendo una planta rectangular de una sola nave de eje norte sur. Sus medidas interiores son de 27.50m de largo por 6.40m de ancho, en tanto que las medidas de su perímetro exterior alcanzan a 30.10m de largo por 10.65m de frente.
Al poniente de la nave, se reconstruyó el volumen que daba cabida a la antigua sacristía, reemplazándose ésta por servicios higiénicos para uso público, baño para discapacitados y un recinto menor para un eventual párroco que desee realizar el culto al interior del Monumento. De esta manera el volumen que constituye la sacristía permite la existencia de dos patios laterales al poniente de la nave como fue originalmente.
Su fachada principal fue reconstruida totalmente mediante el mismo sistema constructivo que el resto del Monumento, destaca sobre ella cuatro pilastras originales de piedra Juan Soldado que armonizan y definen parte de la simetría del conjunto.
Su desarme se realizó por parte de un cantero con experiencia práctica en la técnica para trabajar la Piedra Juan Soldado, quien junto a un ayudante procedió al inventario de cada uno de los componentes de la fachada, partiendo por las cuatro pilastras frontales que presentan bases de piedra con plintos, toros, escocías y cavetos de formas y perfiles muy acusados; luego del fuste las pilastras continúan su ascenso recto hasta rematar en un capitel a media altura. Este capitel está compuesto por un astrágalo pronunciado, un collarino curvo y aconado invertido, el cual finalmente remata en un ábaco recto. La pilastra, también recta, continúa su ascenso hasta alcanzar finalmente el entablamiento en un capitel de madera muy dibujado.
Estos elementos fueron inventariados a través de fichas descriptivas, y la colocación de placas de aluminio de pequeña dimensión afianzada provisoriamente a cada elemento para numerarlo e identificarlo permitiendo así su posterior reintegración en el mismo lugar de origen.
Los elementos reintegrados se afianzaron a la estructura del paramento de madera a través de la colocación de pernos de anclaje de 8mm de espesor atornillados a la estructura de madera de los muros, seguido a una perforación en la piedra para afianzar con un adhesivo epóxico a modo de puente de adherencia para su fijación final.
A lo largo de toda la parte superior del rectángulo de fachada, se desarrolla un entablamento de madera en el cual se destacan claramente sus distintas partes. Sobre el Arquitrabe y separado por tres líneas de tenias, se encuentra el friso, en el que se destacan los triglifos de tres gotas alternándose con métopas en las cuales se distinguen en su centro cuadrifolias simétricas. Sobre el friso, se observa la cornisa lisa con cimas rectas y reversas, astrágalos y fajas, con lo cual el entablamento de madera conforma un todo como ornamento característico del estilo neo-clásico del siglo XIX, de muy buenas proporciones.
Como remate final del frontón de la fachada principal, se observa una crestería de notable factura de pino oregón influenciada por los carpinteros europeos y norteamericanos que llegaron a la ciudad a mediados del siglo XIX, con el auge de la minería. Esta crestería se desarrolla a lo largo de toda la fachada principal, a través de una serie de elementos de madera calada decorada repitiendo un modelo en “S” de anverso y reverso. En el proceso de reconstrucción se procedió a su restauración, limpiando las manchas producto de fuentes de humedad y la acción de gaviotas y palomas, eliminando los insectos xilófagos. Posteriormente se procedió a pulirlas con lija de grano fino, y fueron terminadas con la aplicación de dos capas de pintura esmalte con el mismo color café moro el cual fue pintada en la intervención del año 1991.
Las piezas de la crestería fueron reintegradas en su lugar de origen afianzándose a la nueva estructura del muro mediante sujeción de madera y clavos. En el caso de aquellas piezas que fue imposible recuperar por su avanzado estado de deterioro, fueron integradas sus nuevas piezas siguiendo el diseño original.
Es importante destacar que muchos de estos elementos de estilo neoclásico observados en la fachada de la iglesia santa Inés, también están presentes en la mayoría de las fachadas de la zona típica de La Serena, formando parte de su conjunto armónico y de los valores del patrimonio material que deben ser conservados como parte de la identidad local.
Este recinto en su origen se conformaba por dos pie derecho rectos de madera revestidos en alerce y de gran escuadría (5”x4”) siendo los soportes principales del coro, los cuales se encontraban sobre dos basas de piedra semiocultas en el piso de madera de ese entonces, éstos a su vez soportaban dos grandes vigas con ménsulas que hacían las veces de entablamento empotradas en los muros de adobe laterales (los cuales posteriormente colapsaron), y que junto a las vigas que nacían en el muro testero principal en el sentido opuesto, conformaban la estructura soportante del coro.
De las dos vigas con ménsula, una de ellas se encontraba gravemente fracturada, lo que hacía peligrar la estabilidad de la torre. Por ese motivo, en el año 1991 se decide restaurar parte del inmueble y de esta manera se liberan los dos pilares y vigas de madera noble, siendo reemplazado por cuatro pilares de hormigón armado de 0.25 x 0.25 m terminados en obra gruesa, los cuales constituyen una mesa que sostiene el coro y la base donde se ancla la torre. Posteriormente en la reconstrucción del año 2009, se reforzaron los pilares de hormigón de acuerdo al estudio de cálculo estructural, entregando una solución en base a la inserción de un “corchete” de hormigón según cálculo, otorgando de esta manera una mayor dimensión al pilar, pasando de 0.25×0.25m a 0.35×0.35m terminado.
El recinto finalmente cierra su frente principal a modo de una gran mampara bajo el coro, generando un espacio intermedio que constituye un hall de acceso o nártex, para dar cabida a una mejor acústica a la nave y fortalecer los eventos culturales que se realizarán en el Monumento, estructurándose en base a madera noble de Raulí y vidrio de 4mm espesor en forma de cuadricula ortogonal, conformando un gran panel transparente como antesala a la nave. En los costados de dicho espacio intermedio, se diseñaron dos pequeñas oficinas quedando éstas insertas dentro de la estructura del vacío de las tabiquerías del edificio, para dar cabida a funciones relativas a la administración del Monumento. Destaca también la integración de la balaustrada de madera de raulí que enfrenta desde el coro al vacío de la nave.
Traspasando el hall de acceso se aprecia la volumetría y espacialidad interior de la nave, donde sus nuevos muros de tabiquerías de madera dobles reemplazaron la mampostería de adobe colapsada y agrietada fuertemente por los embates de los sismos.
Los nuevos elementos soportantes del inmueble se fundan en cimientos y zócalos de hormigón armado, construidos de acuerdo al mismo ancho de los muros originales. Durante el proceso de ejecución de las excavaciones para los cimientos de los muros, aparecieron restos óseos, en la nave junto al retablo y en el patio norte de la Iglesia, teniendo que detener parte de la obra, de acuerdo al protocolo del Consejo De Monumentos Nacionales, con el fin de realizar en terreno la inspección por parte de un Arqueólogo, siendo designado Don Marcos Biskupovic M., profesional del Museo Arqueológico de La Serena. Posteriormente se realizó la gestión para desarrollar un estudio financiado por el Gobierno Regional contratando a la Profesional Bioarqueóloga Marcela Urizar V., quien tuvo la misión de estudiar los restos óseos encontrados, perteneciendo a un total de 34 individuos, todos incompletos a excepción de uno, los que finalmente se redepositaron a un costado del altar cercano al muro nor-oriente, y en el interior de un nicho de hormigón armado de 0.90m ancho x 1.30m de profundidad y 1.70m de alto, con cubierta elaborada en madera de Coigüe con la misma terminación de madera elegida como pavimento de la nave. Las osamentas se distribuyeron en 8 contenedores de madera terciada de 0,50 x 0,60 x 0,30, ordenados en el nicho, el cual posee una luminaria interior la cual, una vez tapado el nicho, permite ver un haz de luz a través de una delgada rasgadura lineal ejecutada en la tapa de éste.
El colapso de los muros de mampostería de adobe de la Iglesia Santa Inés, permitió disponer de tierra de muy buena calidad y libre de impurezas, la cual fue reutilizada para fabricar la totalidad de los adobes y las sucesivas capas de barro que se usaron en los nuevos muros, teniendo como particularidad, un proceso de factura en base a materiales nobles y naturales existentes, ejecutados por adoberos de la región de coquimbo.
La tierra de los muros colapsados fue acopiada en un lugar adecuado para comenzar a fabricar nuevamente con el mismo material las 5.227 unidades de adobe de 0,25m de ancho, 0.40m de largo y 0,08m de espesor, elaboradas en una cancha construida para preparar el barro con una profundidad de no más de 50cm. y un tamaño interior de 4m de diámetro, donde en su interior trabajaron dos adoberos. Una vez obtenido el barro homogéneo, se aplicó paja por capas delgadas hasta utilizar un fardo por ciclo, y la paja fue apisonada para hacerla penetrar totalmente en el barro. Posteriormente se fabricaron los moldes para insertar la mezcla obtenida y se esperó su secado durante 15 días.
Una vez instalados los adobes al interior de las tabiquerías, se procedió a la colocación de la malla acma electrosoldada tipo 92, de 0.15×0.15X3m, afianzada con grampas de 1 ¼” a la estructura, permitiendo la sujeción de los adobes y a su vez la consolidación de la estructura. Previo a la colocación de la malla acma, se le aplicó el impermeabilizante Igol Primer Asfáltico por ambas caras para obtener una buena adherencia con el barro.
Sobre los zócalos de hormigón armado y de acuerdo al ancho y alto de los paramentos antiguos, se afianzaron las grandes estructuras que conforman los muros perimetrales, el frontis y los contrafuertes del edificio, diseñado y ejecutado en base a un sistema constructivo sismo resistente, flexible, y compatible con el barro, todo esto para otorgar seguridad al público que visite el Monumento dado su nuevo uso. Las tabiquerías dobles se levantaron con un vacío central que conforman el ancho definitivo del muro, con pies derechos de 4” x 4”, así como diagonales y cadeneteados de 2” x 4” modulado cada 1.00m en el ancho y en el alto, dentro del cual se insertaron los adobes. Cada pieza de la tabiquería fue afianzada mediante clavos, pernos de anclaje y pletinas metálicas de dimensiones de acuerdo al cálculo estructural, toda su estructura fue ejecutada en madera impregnada al vacío.
También destaca la reconstrucción de los muros medianeros norte y poniente. El muro norte se construyó en base a albañilería reforzada a modo de cortafuego y a su vez para la consolidación estructural de la vivienda del vecino colindante, puesto que hasta antes de la ejecución de las obras, los recintos de la propiedad vecina estaban adosados al muro de adobe norte de la Iglesia. Respecto al muro poniente, primero se restauró parte de él, conservando el tramo existente a lo largo del patio lateral poniente, aplicando las capas de barro necesarias hasta llegar a la terminación del revoque del muro. Finalmente se reconstruyó el tramo que enfrenta al Atrio del Monumento en base a la misma estructura del resto del edificio, con las capas respectivas de barro para su revoque de terminación.
También destaca la escalera exterior y su balaustrada de madera de raulí, que en su origen conducía desde el patio poniente hasta el coro en el segundo nivel. La escalera fue reconstruida dentro del ancho del vacío de las tabiquerías, con peldaños de madera y una baranda superior. Los balaustres fueron facturados nuevamente a partir de la única pieza rescatada y guardada desde el año 1991, la cual sirvió como molde para integrar las balaustradas de la escalera y del coro.
El valor y la calidad de la tierra preexistente como parte de la historia constructiva del inmueble, se reflejan en las terminaciones, tanto en el interior como en el exterior de los muros, constituyendo cuatro capas de revoques de barro, utilizando tierra arneada de los adobes existentes, donde cada una tiene distintas mezclas. La primera capa se basó en un puñado de paja (¼ kg) y 15 palas de tierra arneada de 4mm de espesor, agregando 12 litros de agua, en las proporciones necesarias para lograr la mezcla óptima (de acuerdo al tipo de tierra utilizada), logrando así un espesor de 1.5cm aproximada. Previo a su colocación, se humedecieron los adobes insertos en la tabiquería, y el revocado se ejecutó a mano, dejándose secar por 6 días.
Seguido a la primera capa se aplicó la segunda, donde previamente se humedeció la capa 1, para proceder a la colocación de 15 palas de tierra arneada de 4mm espesor , ¼ Kg de paja, 6 palas de arena de estuco, 12 lts de agua, en las proporciones necesarias para lograr una mezcla óptima logrando un espesor de 3.0cm, previa colocación se humedeció el paramento de adobe. Posteriormente se dejó secar por 6 días y su revocado fue hecho a mano.
Posteriormente se procedió a la colocación de la tercera capa en base a 3 palas de tierra arneada en 2mm de espesor, 8 palas de arena fina estuco y cola fría en las proporciones necesarias para lograr una mezcla óptima con un espesor de 5mm. Previamente a su colocación se debió humedecer el paramento de adobe afinado o allanado.
Finalmente se procedió a la colocación de la capa correspondiente a la terminación del muro interior, elaborada en base a una mezcla de baba de penca de tuna, pelando 8 paletas de la cactácea, cortándolas por la mitad y dejándolas como medallones dentro de un tambor con 180 lts de agua pura para que se produzca la baba, durante 5 días. Posteriormente se procedió a colarla para que eliminara todo el resto de la cáscara de la paleta.
Para otorgar consistencia a se mezcla se agregó un 1 saco ½ de cal, 6 kg de sal de mesa gruesa disuelta en agua caliente, endureciendo de esta forma la mezcla. La cal cumple la función de evitar la aparición de hongos en el paramento. Todo lo anterior se ejecuta con un espesor de 1mm aproximadamente, quedando un muro terminado de color blanco.
Para el caso de los muros exteriores se procedió a la colocación de tierra afinada la cual se mezcló con tierra de color para lograr el tono de la fachada principal y el resto de los paramentos del Monumento. Para lograr la tierra afinada, ésta se arneó a través de una panty, posteriormente se mezcló con agua y cola fría en las proporciones adecuadas para obtener una buena consistencia. La mezcla resultante se aplicó a través de una máquina “chicoteadora” para ejecutar la terminación del muro logrando un color palo rosa en su fachada principal y color tierra en el resto de los muros.
Los antiguos tijerales de madera noble que conformaban la estructura de cubierta soportante de las tejas, se encontraban dañados por el ataque de xilófagos, asimismo estaban afectados por el colapso del muro lateral nororiente del Monumento, ocurrido en el año 1996. Por este motivo, los antiguos tijerales y muros restantes fueron alzaprimados ese mismo año, para evitar su colapso. A pesar de estas medidas preventivas, los tijerales fueron deformándose en el tiempo, al estar expuestos a la humedad del aire marino, debiendo ser repuestos al momento de su instalación. Los nuevos elementos se ejecutaron en base a piezas de pino oregón en sus pares y travesaños de 4” x 4” siendo de las mismas escuadrías que tenían las preexistentes.
Como prolongación de los pares nace la estructura de la canal de aguas lluvias, forrada en su interior con una plancha de acero galvanizado rematando en un tapacán en madera con una terminación en base a pintura del color café moro, al igual que gran parte de los elementos de madera pintados en el Monumento.
Para componer un sistema estructural suficiente para la carga que significan las tejas y amarrar los muros de la Iglesia, la propuesta incluyó la disposición de vigas de madera laminadas encoladas, las que, en conjunto con los pilares reticulados de madera, conforman los marcos principales que tienen por finalidad resistir las fuerzas horizontales y conectar las tabiquerías de las fachadas oriente y poniente de la nave principal. Estas vigas de madera láminada se construyeron fuera del lugar de la obra por una empresa especializada, en base a madera de pino impregnada y cepillada cuyas piezas fueron adheridas con pegamentos hidrófugos, con el sistema “finger Joint”. Los elementos de anclajes a las tabiquerías de madera se realizaron a través de pletinas metálicas según cálculo estructural.
Apiladas y resguardadas bajo inventario se logró conservar el 50% de la totalidad de las tejas, dado que el resto cayó al interior de la nave central producto del colapsó del muro nororiente de la nave en el año 1996. Estas tejas originales fueron reintegradas al Monumento.
Por otro lado, las nuevas tejas integradas a la Iglesia, son de tipo colonial o chilena antigua, cuyas medidas aproximadas son 45 cm. de largo por 26 cm. de boca principal y 20 cm. de boca menor. Su altura aproximada es de 10 a 12 cm.
Las tejas fueron instaladas en forma de canal y cobija, con su correspondiente caballete, y colocadas sobre la enmaderación antes señalada. Cada unidad fue amarrada a las costillas con un alambre de cobre o acero galvanizado de a lo menos 0.88 mm. Para ello, a las tejas se les hizo un pequeño agujero con taladro eléctrico, a través del cual se fijó el alambre que se amarró a un clavo de cobre de 1 ½”, el cual se fijó a la costilla.
La parte superior de los muros divisorios y los machones, fueron cubiertos con teja formando una barda, como remate superior. Estas tejas fueron amarradas entre sí con alambre zincado o de cobre.
Las tejas de cumbreras se asentaron y emboquillaron con mortero de cemento.
Bajo los escombros de la nave central y durante el proceso de ejecución de las obras, se conservó el radier ejecutado el año 1991, y sobre él se construyó el nuevo pavimento constituido de un entablado de madera de coigüe machiembrado en sus cuatro caras con una dimensión que varía en su largo y con un espesor de 16mm, ésta última se montó sobre un encamisado de madera impregnada al vacío de 2” x 3” anclada al radier existente con tornillos tipo clavo anclaje cada 0.35m y modulado cada 1,20m en forma paralela a los muros y cada 0,35m perpendicular a estos y cadeneteado cada 0,60m. Sobre este último se afianza la tabla de coigüe con clavos tipo punta de 2” cada 0,35m.
Como terminación se procedió al lijado con varios granos de 35, 60, 80, 120 y grano fino, finalmente se aplicaron dos manos de Vitrolux , donde la primera se realizó con un 50 % del material y un 50 % de diluyente, esperando 24 horas para otorgar la segunda mano con vitrolux puro en un 100% y con una espera de 12 horas para su secado definitivo.
Uno de los elementos de mayor relevancia y valor histórico patrimonial son las puertas, tanto del acceso principal a la nave como la del muro lateral poniente, las que al ser retiradas fueron cuidadosamente resguardadas inventariando cada elemento que la compone para posteriormente reintegrarlas en su misma ubicación y empalmándose al nuevo sistema constructivo del edificio. Previamente a su instalación se procedió a la eliminación de los xilófagos envolviéndolas en polietileno y aplicando en su interior un tratamiento químico durante 15 días. Posteriormente fueron insertas dentro del mismo vano con las mismas dimensiones del vano original, reintegrando sus piezas originales en base a quiciales, quincialerías con garrones, espigones y sus bases donde quedan embutidos en rebajes de quicios de piedra.
En cuanto a sus ventanas, sólo se pudo rescatar en perfecto estado la que está ubicada en la fachada principal del Monumento acompañada de una imagen tallada en madera y enmarcada por bastidores, bajo la cual aún persiste una pequeña placa de piedra Juan Soldado con una data de 1819, año en que una devota de la época aportó fondos para la restauración de la Iglesia y que hoy en día vuelve a reinstalarse en su lugar original, como un elemento que forma parte de la historia de las muchas intervenciones que ha tenido el inmueble. La ventana preexistente se encontraba en buen estado de conservación, sólo se requirió la limpieza de las manchas producto del polvo y la humedad del aire, puliendo sólo superficialmente sus caras con un alija de grano fino, dado que la pintura existente ayudó a su protección. Posteriormente se aplicó sellador de madera para eliminar y evitar el ataque de xilófagos que afectaron la estructura de madera. Finalmente se pintó del mismo color a la existente.
Los nuevos elementos correspondientes a las ventanas del costado del muro oriente se facturaron con piezas de raulí, con las mismas características a los existentes en cuanto a su ancho y alto y su palillaje interior para la instalación de los vidrios. Posteriormente se aplicó sellador de madera para eliminar xilófagos y finalmente se pintó del mismo color a la existente.
Cabe destacar la recuperación y reintegración de la reja de protección original de la ventana del muro oriente junto al altar, la cual se basa en barras de fierro forjado con terminaciones de punta de flecha.
En el muro oriente, al costado del presbiterio y al centro de la nave, destacaban originalmente dos ventanales superiores abocinados, el primero iluminaba el altar y su retablo de costado y el segundo el centro de la nave. Ambos colapsaron y parte de ellos quedaron bajo los escombros, por lo que se reconstruyeron en base al sistema constructivo de los demás muros de la Iglesia, siguiendo las mismas proporciones y dimensiones, otorgando nuevamente la luminosidad, el primero al retablo restaurado y el segundo otorgando la calidez de la luz natural a la nave en su parte central, cercano a la hornacina de buenas proporciones donde fue reintegrada la imagen del cristo crucificado recuperado junto con otros elementos de la imaginería y arte religioso original de la Iglesia.
Sobre los pares de la estructura de cubierta se reconstruyó casi la totalidad del cielo falso destruido por el colapso de la estructura el año 1996. El nuevo entablado fue elaborado de acuerdo a la misma escuadría de los elementos preexistentes, en pino machihembrado de escuadría de 1” x 5” el cual integró junto a parte del preexistente colocados en el mismo sentido de los muros y sobre los pares de los tijerales proyectados, siendo terminados con la aplicación de pintura esmalte con un color blanco, otorgando de esta manera una mejor calidez y luminosidad al interior de la nave.
Originalmente la antigua torre se emplazaba al costado poniente de la Iglesia, una torre excéntrica de estructura de adobe la cual perduró hasta el año 1840. Posteriormente, hacia el año 1870 y a raíz de la influencia de los carpinteros europeos y norteamericanos, se construyó una nueva torre basada en estructura de madera de pino oregón americano.
Destacan los dos tambores de la torre, el primero de ellos corresponde a un cubo recto rematado por una cornisa también de madera formada por cimas rectas, reversas y dentículos que lo coronan en sus cuatro costados. En los cuatro vértices del cubo se destacan ocho pilastras con capitel, pedestal y fuste acanalado. Cuatro pirámides multiformes de elegantes proporciones destacan sobre la cornisa, una en cada esquina sobre el primer tambor. También en el primer tambor se observan cuatro ventanas altas rematadas en su parte superior por un arco de medio punto con cierre de celosías. Sobre este primer tambor se asienta un segundo tambor octogonal de caras alternadas, siendo de ancho mayor las que corresponden a los cuatro puntos cardinales.
En los vértices del octógono se destacan 8 pilastras en ángulo con capitel, pedestal y fuste acanalado. A modo de remate, una cornisa de cimas rectas, reversas y dentículos que permiten posarse sobre ella una cúpula de perfil mixtilíneo octogonal, en forma de bulbo truncado en su base. Cuatro vanos rematados en su parte superior con un frontón triangular destacan en las cuatro fachadas principales del último tambor.
Finalmente y sobre la cúpula de remate, una gran cruz latina de madera con los extremos de sus brazos dibujados, lo cual corona la hermosa torre de nobles proporciones y de gran calidad arquitectónica alcanzando una altura aproximada de 21m.
El criterio de intervención consideró la limpieza total de la estructura original procediendo al retiro de una gran capa de excremento de palomas que se encontraba sobre el piso alcanzando una altura de 0.30m en los extremos interiores de los tambores. Esto, sumado al polvo, plumas y huevos de palomas, es una causa de daño habitual en las torres de las iglesias. No obstante lo anterior, la totalidad de la estructura de la torre se encontraba en buen estado de conservación y sin la presencia de xilófagos. Posteriormente se procedió a reparar algunas tablas de madera que revisten la base de la estructura, integrando unas de iguales características a las originales. Seguido a lo anterior, se procedió al pulido superficial con lija fina retirando solamente manchas producto del polvo y la humedad del aire, dado que aún posee el color de la madera nativa, finalmente se procedió a la aplicación de un sellador de madera fungicida para eliminar cualquier tipo de xilófago que pudiera afectar la estructura de madera.
A pesar de los embates del clima y sus años de existencia, la cubierta de la torre ha mantenido su materialidad desde su construcción el año 1870 aproximadamente, sin sufrir intervenciones desde aquella época. En la ejecución de la obras sólo se repusieron parte de las tejuelas de alerce instaladas hacia el sector poniente, las que se encontraban en un avanzado estado de deterioro producto del mayor contacto con abrasividad de la brisa marina. Antes de su retiro, los carpinteros procedieron a humedecer las tejuelas para evitar el daño del resto del conjunto. Al humedecerlas se facilitó también su desclavado de esta quedando más flexibles para su retiro. Respecto a las tejuelas que se conservaron en su sitio original, se retiró cuidadosamente su capa superficial, eliminando toda suciedad sin desgastar la madera, manipulándolo a través de una lija suave sin penetrar en la fibra de la madera, liberando sólo la capa superficial.
Posteriormente se procedió a la factura de las nuevas tejuelas siendo estas de las mismas características y dimensiones a las originales con un espesor de 9mm lo que permitirá su durabilidad en el tiempo, y las que se distinguen de las preexistentes por las diferencias en la tonalidad de sus colores.
Antes de instalar las nuevas tejuelas, los carpinteros las sumergieron en un tambor con agua permaneciendo ahí durante un tiempo determinado hasta alcanzar la flexibilidad necesaria para su clavado en la estructura del perfil mixtilíneo octogonal, siguiendo la misma línea de ubicación de las preexistentes.
Dado que el Alerce es una madera noble y resistente a la humedad, este no requiere tratamiento en sus caras, dejando que tome la pátina natural con el clima existente, teniendo una durabilidad aproximada de 50 años más, aparte de los que ya posee.
En el interior del primer tambor, colgadas de su estructura de madera y de un riel de acero que actúa como viga, se conservan dos campanas de regulares dimensiones, las que fueron limpiadas en forma cuidadosa retirando las capas superficiales de polvo y excremento de las palomas. Asimismo se realizó la protección de sus rieles de sujeción asegurados con pletinas de hierro que hasta el día de hoy se mantienen intactas como parte del sistema original que constituyó el actual campanario.
Las Campanas se conservan con la pátina que le han dado sus años de existencia y sin ningún avance de corrosión. En la campana grande se aprecia la siguiente inscripción:
“Apolinar Valenzuela Hace Este Obsequi a la Capilla de Santa Inés en el año de 1862, Fundición Nacional Valparaiso.”
La campana menor fue colgada y afianzada a la estructura existente de los rieles a través de una cadena y pletina de anclaje, se observa que presenta una grieta mayor que cruza el espesor del metal que la compone, lo que no permite su funcionamiento, ya que ha quedado destemplada. La campana menor también tiene una inscripción la cual dice lo siguiente:
“Nely de Britol 1878”
Originalmente antes de acceder al presbiterio, el ingreso se enmarcaba a través de un Arco Triunfal, donde se separaba la nave del presbiterio, tal como era costumbre y obligación indicada por el Concilio de Trento. La propuesta de intervención mantuvo parte del Arco Triunfal, reintegrando sus bases originales de piedra Juan Soldado y su capitel facturado en madera, e integrando un nuevo fuste elaborado en madera noble con una terminación en base a pintura, respetando su color original.
En el espacio que antiguamente estaba la Sacristía hoy en día se construyeron los servicios higiénicos enmarcado dentro de las mismas dimensiones del antiguo volumen y siguiendo el nuevo sistema constructivo del total del Monumento, dando cabida un área de baños para hombres y mujeres, baño para discapacitados y un recinto menor para uso múltiple, revistiendo todos sus muros interiores y pavimento en base a cerámica.
Aún no se conoce la fecha exacta de construcción del retablo, pero se distingue que es de una factura tardía respecto a otros elementos originales. El retablo, de sobrio diseño neoclásico y hermosas proporciones, ha sufrido distintas intervenciones tanto en su estructura como en su colorido y pintura original de rico estofado y excelente imitación de mármol descubierto al momento de su restauración durante el año 2010.
Como criterio de Intervención se procedió a la limpieza en forma rigurosa de todo el retablo para remover la arcilla acumulada. Luego se desprendieron los clavos e instalación eléctrica que poseía a modo de guirnaldas. Posteriormente se realizó la fumigación general con un anti hongos y termitas aplicado con un rociador de baja presión. Esta fumigación se realizó de manera preventiva ya que aunque existían piezas de madera afectadas, en las inspecciones superficiales no aparecieron xilófagos.
Una vez que se efectuó la limpieza se comenzó la remoción total de las 5 capas de pinturas que fueron aplicadas con anterioridad al retablo hasta llegar a la pintura original. Al encontrar la capa original se observó qué esta constituía un marmoleado, técnica que trata de imitar el mármol realizada con colores crema verdoso, verde azulado claro y vetas gris oscuro, combinado con mármol rosado, en algunas sectores con vetas de tierra de sombra natural y ocre.
Una vez finalizada la remoción de la pintura “muerta”, se logró ver claramente el estado de las maderas lo que permitió decidir con mayor detalle lo que se deberá restaurar.
En cuanto a la carpintería, se intervino el cielo de las cornisas, el fondo de estas y el perímetro del arco endentado, las columnas principales del nicho, las tablas de la base del zócalo del retablo, las molduras del zócalo, la escalera de llegada al nicho, el cielo del nicho, así mismo se procedió al reemplazo de ornamentos decorativos, las molduras que imitan una hoja de acanto, reemplazando alrededor de 20 metros lineales y los puntales de afianzamiento al muro medianero.
Posteriormente se restauró, debiendo en algunos casos reemplazar e integrar nuevas piezas utilizando maderas de las mismas características a las preexistentes, siendo estas de roble y mañío.
En cuanto al sagrario, el original había sido gravemente dañado producto de saqueos y actos vandálicos, por lo cual fue restaurado y reconstruido con madera de roble, usando planimetría existente.
Luego, el retablo comienza a recibir una capa de enyesado dentro de un tiempo de dos semanas, para posteriormente aplicar la pintura blanca, siendo ésta esmalte al agua puesta a modo de base para aplicar el marmoleado, siguiendo los colores y técnicas de acuerdo al original. Una vez finalizado el marmoteado, se comienza con el dorado, antigua técnica utilizada por los egipcios. En el caso del dorado, primero se utiliza como base un enyesado y luego una pintura rojo ladrillo imitando el bole; luego se aplicó el aditivo a base de agua, una vez secado este último se comienza la aplicación del pan de oro (Oro Compuesto), una vez finalizada la aplicación del pan de oro se comienza a bruñir con pinceles especiales del tipo Pelo de Marta, ésto para obtener una superficie lisa y con un brillo uniforme, una vez finalizado todo el procedimiento se aplica una capa de laca transparente para proteger del oxidamiento.
Los zócalos de los muros perimetrales fueron revestidos por las piezas originales de piedra Juan Soldado que poseía en la iglesia siendo reintegrados en su posición original, incluyendo la integración de algunas piezas nuevas. Los elementos fueron reintegrados afianzándose a la estructura de zócalo constituidos de hormigón armado con mortero de cemento, asimismo se elaboró un fragüe en base a cemento blanco, piedra molida convertida en polvo fino y agua, logrando su terminación definitiva. En cuanto a las pilastras de la fachada principal, vanos de la puerta principal y acceso lateral interior , se procedió a la colocación de espárragos diámetro 8mm espesor en la estructura de madera seguido a una perforación en la piedra para afianzar con adhesivo epóxico a modo de puente de adherencia para su fijación final.
Dentro de los elementos de valor que fueron reintegrados destacan algunos herrajes originales, como es la aldaba de la puerta de acceso principal y la protección de la reja de la ventana abocinada al costado del muro oriente, siendo elementos inmemoriales que componen parte de la historia constructiva del Inmueble. Asimismo se aprecian los barrotes de fierro lleno, la puerta lateral del frontis que permite acceso al patio interior poniente. Luego de su limpieza y aplicación de un barniz de poliuretano para metal, las piezas fueron reintegraron en su lugar original, como parte del proceso de anastilosis que se eligió como uno de los criterios de intervención.
Los patios, están configurados por el conjunto de muros que posee el Monumento. Se aprecian los patios al poniente de la nave, entre el muro de ésta y el muro medianero, de armónicas proporciones, forma rectangular y gran calidad espacial, sirviendo de espacios intermedios y conectores hacia el Atrio, la nave lateral, y el coro a través de la escalera exterior. Permiten también el ingreso a los servicios higiénicos. Uno de los patios al poniente de la nave es el pequeño patio posterior al norte de la antigua sacristía. El pavimento de estos patios fue originalmente de piedra huevillo, por lo cual la propuesta consideró la reconstrucción de dichos pavimentos, estos elementos fueron extraídos a través del tiempo.
La ejecución del nuevo pavimento se hizo mediante la extracción de piedras del sector de la Cuesta Porotitos al norte de la ciudad de La Serena. Se tomó como base la misma trama original que posee el reticulado conservado bajo la tierra del atrio existente, seindo reconstruido en base a distintas capas de material, constituidas por tierra apisonada en capas de 0.20m, ripio de 3 a 4 cm, hormigón de 6cm espesor, y sobre este último un enchape de hormigón de 4cm de espesor. Finalmente se procedió a la inserción de la piedra huevillo sobre el enchape fresco, ejecutado con una trama en cruz de 0.80m x 0.80m, donde se aprecia que la piedra de las diagonales es mayor siendo ésta de un diámetro de 8cm como máximo en relación a la piedra huevillo del llenado interior cuya medida es de 4 a 5cm como máximo.
Siendo un Monumento relevante por su condición histórica, el proyecto consideró la iluminación, el cual debió cumplir con las exigencias en cuanto a la contaminación lumínica. La iluminación permite reconocer el edificio, sus fachadas y su torre desde diversas perspectivas de la ciudad, a través de un cono de luz que ilumina los paramentos y parte del pavimento. También destaca la iluminación superior del segundo tambor de la torre que se presencia desde diversos ángulos de perspectiva, destacando la perspectiva sur-norte desde la Plaza de Armas por calle Matta y la perspectiva de acceso a la ciudad desde el norte por la Ruta Norte Sur.
Una vez que se cerró el Templo en el año 1977, se procedió a levantar un Acta establecida por Representantes del Museo Arqueológico de la Serena, Convento San Francisco y el Encargado de la Iglesia Santa Inés, con fecha 21 de Diciembre de 1983, donde se indica que las obras respectivas quedarán en custodia temporal en la Iglesia de San Francisco debiendo ser reincorporadas a la Iglesia Santa Inés una vez terminada la labor de Restauración de dicho Monumento.
Después de años de custodia temporal por parte de la Orden de Los Franciscano, las obras de arte de la Iglesia Santa Inés vuelven a su origen, recuperando gran parte de ellas, entre las cuales destaca e El Martirio de San Bartolomé (Pintura sobre Tela), San Francisco De Paula (Pintura sobre Tela), San Agustín (Pintura sobre Tela), y finalmente tres imágenes, una Santa Inés de yeso, y otra elaborada en madera nativa de cedro, donde aún se destaca parte de lo que fuera su policromado y estofado original y finalmente el conmovedor Cristo Crucificado de razgos mestizos y de gran factura, también elaborado en madera de cedro. Todos estas obras de arte e imaginería religiosa han sido reintegradas a la iglesia, también como parte del proceso de anastilosis elegido como criterio de intervención. El desafío ahora es la restauración de estás magníficas obras de arte para que formen parte del futuro Centro de Interpretación del Patrimonio Religioso que dará vida a la iglesia Santa Inés.
FRANCISCO GUERRA JERALDO
ARQUITECTO
EQUIPO PUESTA EN VALOR PATRIMONIAL
DIRECCION REGIONAL ARQUITECTURA, MOP
HitoUrbano es una instancia multidisciplinaria de difusión y discusión acerca del Patrimonio Natural, Cultural Material e Inmaterial, y el Ordenamiento y Desarrollo Territorial, un espacio que pretende ser un aporte para la construcción de nuestro entorno a través del diálogo y la observación crítica.
Deja tu comentario