La Serena: Despues de la lluvia
Desde fines del año 2009, la consultora “Convergencia Publicidad y Comunicaciones Ltda.”,  se encuentra  desarrollando, por encargo de la Ilustre Municipalidad de La Serena,  un Estudio titulado “Estrategia de Internacionalización de la Comuna de La Serena”, el cual tiene como objetivo, posicionar a la comuna en el contexto internacional a partir de la valoración de su centro histórico patrimonial, con una mirada de desarrollo sostenible hacia el futuro. En este contexto se están desarrollando una serie de talleres coordinados por el geógrafo y economista Georges Bonan, experto en Desarrollo Territorial  y Relaciones internacionales. A continuación algunas notas tomadas en el taller realizado el día viernes 23 de Julio del 2010.

El objetivo estratégico de los talleres es obtener una nueva visión del Centro Histórico a través de la metodología del consenso, entender dónde está el consenso a través de talleres y entrevistas, de tal forma de poder encontrar una base común desde donde se construirá una estrategia y líneas de acción hacia el 2020.

Esto se logra a través de un debate organizado, del cual uno  de sus primeras conclusiones es la necesidad de contar con una “ventanilla única” para optimizar en un solo lugar los procesos burocráticos que implica desarrollar proyectos al interior de la Zona Típica de la ciudad de La Serena. Esta es una función que debiera asumir un equipo de gestión de la Zona Típica, que pueda hacer de nexo entre la política general y  la Ley de Monumentos y la ciudadanía, ejerciendo un trabajo facilitador más que fiscalizador.

Por otro lado, la experiencia muestra que no hacer nada genera un efecto negativo y no neutro, respecto a la conservación y rehabilitación de áreas e inmuebles, por lo tanto  la degradación del Centro Histórico no se ha detenido. Además, si no se propone una habitabilidad moderna y confortable, la gente no se va a interesar por vivir en los espacios del Centro Histórico.  Por lo tanto, existen necesidades del modo de habitar de hoy que deben ser consideradas. Bajo estas y otras premisas, el Centro Histórico puede llegar a ser un nodo de encuentros, reencuentros, ayudar a reintegrar una identidad fragmentada y ser un medio para lograr la cohesión social.

Otro de los puntos que destaca en el debate, es el gran capital que posee La Serena de ser reconocida como una ciudad con calidad de vida. De 870 personas que llegan mensualmente a vivir a la Región de Coquimbo, 700 se vienen a vivir a La Serena. Una ciudad cuya economía se basa principalmente en el desarrollo del sector servicios, sin embargo es necesario mejorar y optimizar muchos de estos servicios.

Se buscan los consensos para definir el futuro deseado del Centro Histórico: ¿un Centro Histórico Patrimonial protegido y conservado? ¿un Centro Histórico que sea destino turístico?. ¿Queremos una ciudad que se destaque por ser líder en eficiencia energética y diseño sostenible?, ¿una ciudad con altos estándares de calidad medioambiental?, ¿cuál será el sello que tendrá nuestra ciudad?.

En el debate también se discutió acerca del dinamismo implícito en las identidades culturales, y lo complejo que puede llegar a ser manejar ese dinamismo. En ese contexto existen opiniones que indican que lo que en realidad vende la serena es justamente su patrimonio y su identidad cultural, puesto que a pesar de la fuerza del turismo de sol y playa, sus playas son sumamente acotadas.

Los cambios en las dinámicas locales pueden generar cosas distintas, dado el reconocimiento de La Serena como Ciudad con calidad de vida, es probable que la orientación vaya hacia la constitución de una ciudad sana, donde se pueda caminar, andar en bicicleta, ciudades “slow”, y en este contexto, si queremos una ciudad tranquila no podemos seguir motivando el ingreso de más automóviles al Centro Histórico, lo cual estresa un área de la ciudad que es digna de ser caminada. Pero creo que debemos tener cuidado con las distinciones, una ciudad tranquila pero activa en cuanto a los hechos que en ella ocurren,  si bien no con el tipo de actividad bohemia ofertado en ciudades vecinas, si con una actividad bohemia de tipo cultural, donde el patrimonio y las identidades culturales puedan ser parte de lo vivido.

Personalmente, junto con compartir algunas de las apreciaciones hechas en el taller, creo que existen tres fuerzas que deben ser consideradas como potenciales modeladores de los escenarios futuros del Centro Histórico hacia el 2020.

La primera fuerza, es el cambio de la legislación y la institucionalidad patrimonial. A raíz del terremoto de febrero del 2010, el patrimonio construido se ha levantado como un tema país, y hoy es cada vez más común encontrar agrupaciones ciudadanas preocupadas por el tema e incluso ya existe una bancada patrimonial en el congreso de la República. Uno de los efectos esperados de este cambio legislativo es que existan incentivos tributarios y subsidios para los inmuebles y áreas patrimoniales, cambiando el actual rol prohibitivo del Estado hacia un rol activo y motivador de emprendimientos en torno al patrimonio y su conservación. En ese sentido cualquier iniciativa con vías a querer reducir el área protegida como Zona Típica del Centro Histórico, debiera al menos esperar frente a un eventual cambio en la legislación.

Una segunda fuerza que modelaría los escenarios futuros hacia el 2020, sería la fuerza de las presiones inmobiliarias. Si bien éstas activarían el crecimiento y la renovación, es imprescindible que además de la legislación, existan reglas del juego coherentes con la ciudad deseada,  la ciudad que efectivamente queremos construir. Si existe un mercado inmobiliario en el Centro Histórico, este debe necesariamente ser un mercado inmobiliario patrimonial, donde las acciones consideren el patrimonio construido y la visión de ciudad como un referente, no con vías de una reconstrucción falsa uy nostálgica del pasado, sino con la aspiración de construir hoy, respetando la esencia  de las preexistencias, pero diseñando y construyendo de acuerdo al espíritu de nuestra época. En este sentido la aspiración debe ser que las intervenciones de hoy puedan llegar a  ser el patrimonio del mañana.

Por último una tercera fuerza a considerar, es de carácter estructural, y tiene que ver con que todavía no existe una valoración económica de los activos patrimoniales y ambientales, y tampoco existe consenso claro respecto a la valoración patrimonial de dichos activos. Esto genera una disparidad de criterios y dificulta la posibilidad de tomar decisiones sustentables respecto a los activos patrimoniales y ambientales. Esto puede ser trabajado a través de programas de base formativa y educacional respecto a la valoración patrimonial, para lograr una valoración y demanda por conservación de parte de las futuras generaciones.

En este sentido, otras opiniones del taller también destacaron el rol que debe tener la educación, y las acciones que podamos realizar hoy con vías a la valoración, quizás recién en 10 0 15 años podamos ver sus frutos. Otro aspecto que se relevó en la discusión, fue el de poder ver a la ciudad y a su Centro Histórico como una experiencia a escala controlada, donde tenemos que ser capaces de experimentar con la ciudad, para cultivar experiencias de valoración.

Otro aspecto  observado, es  el de La Serena como un hito desde el cual el visitante se ordena respecto a su recorrido por el resto del territorio regional. Respecto al mercado, se indica que es una oficina de gestión del Centro Histórico, la que debiera generar y ofrecer proyectos atractivos para el mercado.

Otro aspecto considerado fundamental, es la presencia y existencia de espacios para el arte en la ciudad, el contacto con la belleza como parte de la calidad de vida. Se mencionan precedentes como el de Antofagasta, donde se llamaron a artistas para que embellecieran con sus obras la ciudad.

El Instructivo de Intervención en la Zona Típica, la Oficina de Gestión del Centro Histórico y la Estrategia, son parte del cómo lograr la ciudad que soñamos, son medios para obtener esa visión de ciudad. Sin embargo debemos tener conciencia que no estamos hablando de un territorio administrativo encerrado, sino de un territorio vivido, que efectivamente en los hechos muestra otro tipo de relaciones funcionales y simbólicas. Tener conciencia también que hay un permanente movimiento, mientras una estrategia podría demorar dos años en ser implementada, en ese tiempo las condiciones podrían fácilmente haber cambiado lo que agrega complejidad por la velocidad de los cambios versus la implementación de las herramientas.

Finalmente es posible percibir un consenso para la dimensión patrimonial y respecto al deseo de una ciudad tranquila, serena, en definitiva ciudad “slow”, como una filosofía cuya dificultad está en la percepción colectiva. Este es un camino cuyos cambios se pueden comenzar a notar en 10 años, hoy con este tipo de acciones, se comienzan a poner las piedras de un camino que se abre a pesar de las dificultades. La Serena es una ciudad que toma conciencia de su principal capital, y que se encamina a trazar una estrategia para relevar ese capital más allá de los límites de la nación.

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